Una Visión del Infierno
El viernes 13 de julio de 1917, Nuestra Señora se apareció en Fátima y les habló a los tres pequeños videntes. Nuestra Señora nunca sonrió. ¿Cómo podía sonreír, si en ese día les iba a dar a los niños la visión del Infierno? Ella dijo: "Oren, oren mucho porque muchas almas se van al Infierno". Nuestra Señora extendió sus manos y de repente los niños vieron un agujero en el suelo. Ese agujero, decía Lucía, era como un mar de fuego en el que se veían almas con forma humana, hombres y mujeres, consumiéndose en el fuego, gritando y llorando desconsoladamente. Lucía decía que los demonios tenían un aspecto horrible como de animales desconocidos. Los niños estaban tan horrorizados que Lucía gritó. Ella estaba tan atemorizada que pensó que moriría. María dijo a los niños: "Ustedes han visto el Infierno a donde los pecadores van cuando no se arrepienten".
Un Dogma Católico más, la existencia del Infierno. El Infierno es eterno. Nuestra Señora dijo: "Cada vez que recen el Rosario, digan después de cada década: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia". María vino a Fátima como profeta del Altísimo para salvar a las almas del Infierno. El patrono de todos los pastores, San Juan María Vianney, solía predicar que el mayor acto de caridad hacia el prójimo era salvar su alma del Infierno. Y el segundo acto de caridad es el aliviar y librar a las almas de los sufrimientos del Purgatorio. Un día en su pequeña iglesia (donde hasta este día se conserva su cuerpo incorrupto), un hombre poseído por el demonio se le acercó a San Juan María Vianney y le dijo: "Te odio, te odio porque arrebataste de mis manos a 85 mil almas".
¿Qué visiones marianas reconoce la iglesia?
Escrito por Desde la fe
03.07.2006
Durante las últimas semanas han llegado a la redacción del semanario Desde la fe cartas de algunos de nuestros lectores, preguntándonos qué visiones marianas sí reconoce la Iglesia y cuál debe ser la actitud de los católicos ante las que no han recibido el reconocimiento oficial.
Seis reconocidas
Ha habido en la historia de la Iglesia muchas visiones de la Santísima Virgen avaladas por una larga tradición de piedad popular, algunas con aprobación de Roma y con liturgia, otras con aprobación y reconocimiento del Obispo local.
Sin embargo, la Iglesia Católica sólo ha reconocido seis visiones (apariciones) marianas luego de un riguroso examen canónico: Nuestra Señora de Guadalupe a san Juan Diego (1531); la Virgen de la Medalla Milagrosa a santa Catalina Labouré, en París (1830); Nuestra Señora de la Salette a los pastorcillos Melania y Maximino, en los Alpes Franceses (1846); Nuestra Señora de Lourdes a santa Bernardette Soubirous, en los Pirineos Franceses (1858); Nuestra Señora del Rosario a tres pastorcillos portugueses: Lucía y los beatos Jacinta y Francisco, en Fátima, Portugal, (1917), y la Inmaculada, a cinco niños en Beauraing, Bélgica, (1932).
¿Qué proceso sigue la Iglesia para reconocer una visión?
Cuando se sabe de una visión mariana, lo primero que hace la Iglesia es examinar la salud física, mental y moral de los videntes, así como sus antecedentes y circunstancias. De igual forma, analiza con detenimiento la ortodoxia del mensaje supuestamente recibido.
Ante las visiones reconocidas, ¿cómo debemos actuar?
Con devoción, respeto y libertad. No hay que olvidar que una manifestación privada no obliga en conciencia, sino a aquel que la recibe; sin embargo, si ésta ha obtenido la aprobación de la Iglesia puede beneficiar o ayudar a otros de manera espiritual, a comprometerse y vivir su fe auténticamente, como ha sucedido con las palabras o mensajes que Jesús o María nos han hecho llegar a través de algunos santos como san Juan Diego, santa Faustina Kowalska o santa Margarita María Alacoque.
Ante las visiones no reconocidas, ¿cómo debemos actuar?
Ante aquellas que han sido expresamente reprobadas por la Iglesia, por supuesto que con rechazo. Ante las que no han recibido aprobación oficial, pero tampoco han sido rechazadas, con libertad y cautela. No olvidemos que frecuente algunas personas con desequilibrio emocional o psíquico, o movidas por intereses económicos, aseguran tener visiones divinas.
Ante las visiones reconocidas, ¿qué peligro corremos?
El de crear particularismos y fanatismos. María Santísima es una y única; no debemos olvidar que cualquier advocación suya es meramente un estímulo a la devoción, no un exclusivismo.
Ante las visiones no reconocidas, ¿qué peligro corremos?
El que se ha visto, por desgracia, de tomarlas de pretexto para constituirse en rebeldes a la autoridad eclesiástica, y hasta para iniciar verdaderos cismas.
Conclusión
Mientras no haya obvios abusos o una reprobación de la Iglesia, toda piedad sincera es respetable, pero hay que cuidar lo dicho anteriormente.
Por último, todos los católicos estamos obligados a tratar de que nuestra fe sea suficientemente sólida para no necesitar de visiones, y, si éstas ocurren, saber ser críticos para distinguir verdaderas y falsas, y aprovechar unas y otras para estar más cerca de Dios.
miércoles, 23 de enero de 2008
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