CON TODO AL REVES
Me gustaría proponerles a manera de prohibición rigurosa dos cosas que serían muy bueno suprimierlas totalmente.
La primera de ella:
LAS JUSTIFICACIONES.
La persona que se justifica se delata.
Las cosas tienen que poder explicarse por sí mismas, ninguna justificación es admisible, necesitamos estar totalmente concientes, responsables, asumiendo lo que supone el dar la cara.
Y aunque decimos que que las prohibiciones están prohibidas hoy decimos: PROHIBIDO JUSTIFICARSE.
La segunda prohibición, espero que no afecte a ninguna nacionalidad.
PROHIBIDO QUEJARSE.
La queja degenera al ser humano, es como que le corta las alas y lo vuelve otra vez un reptil.
En una escuela de crecimiento, no es ético, no es digno que alguien esté justificando lo que hace, pues lo que tú haces, tiene que estar regido desde tu conciencia, no porque te piden, no porque lo exiges, no porque esperan los demás que tú hagas, es decir, no por quedar bien.
No importa lo que digan los demás.
Tú acto tiene que ser un hecho circular, cerrado, completo.
Lo que tú hagas tiene que presentarse solo y valer desde él mismo.
Cada hecho requiere tener su propia presencia, su propia vibración, que por si misma se explique.
Cuando empezamos a justificarnos, estamos revelando que no lo estamos haciendo bien, que no estamos actuando desde un nivel de conciencia, porque hay otra forma de actuar, a través del reflejo condicionado, del piloto automático, del hábito, de la costumbre.
No podemos dejar nuestra vida en piloto automático, que sólo sabe funcionar desde la rutina, como un círculo vicioso, que al final atrapa como el cauce al río.
Quien justifica lo que hace ya se ha equivocado, es decir ya está perdido.
La otra prohibición es no quejarse.
El aprendiz que se queja deja de ser aprendiz.
Un aprendiz quejoso, rebela que no se está enterando de nada.
La queja es una declaración de impotencia e inoperancia, es la constatación de que uno no está creciendo, es la comprobación de uqe uno está perdido.
Quien se queja deja de ser aprendiz, por tanto deja de crecer y disfrutar.
La queja degrada y desenergiza.
La energía que tú usas para quejarte, si la usaras para aprender, para crear, para ampliar tus límites, para crecer, tendrías energía suficiente para todo lo que precisas.
Identificamos dos hemorragias energéticas, quejarse y justificarse.
Ya sé que en algunos países la queja ha sido llevada a la categoría de normalidad; pero que normalidad mas anormal, que antiestético encontrar a dos personas que se quejan por turnos, que en cuanto se encuentran en la calle, lo único que se les ocurre e intercambiar quejas, que los fines de semana se reúnen con el resto de la familia para continuar ese nefasto intercambio.
Siempre me ha llamado la atención las personas que van por la vida transportando cajas de quejas.
Frente al universo, el quejoso es un despistado, es la falta de atención, es la falta de alerta, es el retorno a la oscuridad de la ignorancia, por eso la gente que vive quejándose y justificándose, asi siempre está mal, no puede ser feliz.
Esa es no es la vibración de la felicidad, y lo peor, está negándose la oportunidad de aprender, además está revelando una considerable inmadurez, está delatando que se va por la vida con una película mental, que intenta que la realidad se parezca a una película, a su expectativa, y como ello no pasa, aparece la frustración que en forma de queja se exterioriza.
Es decir que la queja es la forma intercambiable de la frustración, mientras que la justificación es el fundamento absurdo del acto erróneo.
lunes, 26 de mayo de 2008
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